Nació en 1060, de una noble familia visigoda. Nombrado obispo de Barcelona, huyó a Francia para librarse del peso de la dignidad episcopal, pero el Legado del papa Pascual II lo obligó a aceptar la mitra. En 1117, recuperada Tarragona del poder de los moros, Olegario trasladó su residencia a ella con el título de Metropolitano. Trabajó infatigablemente por la conservación de la disciplina y asistió a diferentes concilios. Al regresar del primer concilio de Letrán, se dedicó a predicar la Cruzada contra los moros, y a extender en su diócesis la recientemente fundada Orden de los Caballeros Templarios. Murió en 1137.